¿CORRUPTOS?
Por Roberto Geffroy
Los diez mandamientos del corrupto
“Una sociedad corrupta apesta, y que aquél que
permite la corrupción no es un ciudadano digno y honesto, sino que también apesta”. La corrupción
es la madre de toda familia que se encuentra involucrada en el llamado
mundo bajo y sucio, como es la “POLÏTICA”.
1.
La negación
Toda
acusación vendrá acompañada de una negación inmediata de la misma por parte del
acusado. El buen corrupto negará su condición hasta la saciedad ante la
sociedad. Basará su negación en la presunción de inocencia y seguirá negando su
culpa aún condenada mientras la condena no sea firme. Porque el buen corrupto
nunca lo ha sido, ni lo es, ni lo será, según él mismo.
2.
El recurso
El
buen corrupto presenta recursos, nunca dimisiones. Y si lo hace, si dimite, el
gesto jamás será interpretado como de arrepentimiento si no como una manera de
“obtener tiempo para poder defenderse” o para evitar “que se utilice la
imputación contra su partido”. Por el contrario, el buen corrupto presentará
tantos recursos como la ley le permita. Habiéndose agotado todos éstos, el cum
laude del corrupto será solicitar el indulto a la Justicia, tal y como ha hecho el corruptus
maximus, en nuestro país, estado y ayuntamiento o comunidad.
3.
Los errores (administrativos)
El
buen corrupto jamás reconocerá un delito, como mucho admitirá “errores
administrativos”. Porque errar es humano y solo hierre el que trabaja. Porque
“todos nos equivocamos” alguna vez y “¿es que usted no se equivoca nunca?”. Un
error administrativo, a diferencia del resto de errores, no tiene responsables
en la cosa pública; se diluye inevitablemente en el marasmo de la burocracia.
Es como un ente fantasmagórico que recorre los pasillos y despachos de la
administración. Nadie lo ha visto nunca, pero todos aseguran que está ahí,
desde el inicio de los tiempos.
4.
Las manos limpias
En
este mandamiento se refiere el buen corrupto a su condición de impoluta
honorabilidad, a su moral prístina y cristalina. No vano se usa el cristal como
símil de la transparencia y limpieza: manos limpias (más que el “agua a chorro
limpio”) y bolsillos cristalinos. Quizá no se dé cuenta el buen corrupto al
expresarse así que la frase tiene reminiscencias bíblicas de significado
contrario. Porque esas manos limpias también se refieren al enjuague de Poncio
Pilato, al lavado de las mismas ante los problemas; El problema del abuso de
este mandamiento es que, cuanto más se recita, menos se lo creen a uno.
5.
La mano negra
A
diferencia de las manos anteriores, estas no pertenecen al buen corrupto si no
a su archienemigo en la sombra, ese que mueve los hilos con una maldad
sobrehumana para arruinarle la vida porque disfruta con ello. De este modo, la
mano negra persuadirá a policías para que investiguen y detengan, manipularán a
jueces para que juzguen y condenen. Como es obvio, tal mano negra solo existe
en la mente del buen corrupto y sirve para despistar la perdiz delante de la
opinión pública. Funciona durante un tiempo, pero al final aburre por exceso.
Hay veces que el propio buen corrupto se cree la existencia de esa mano negra.
En estos casos se trata de una patología.
6.
Los técnicos
Si
las medidas anteriores no funcionasen, existe este otro mandamiento basado en
el absoluto desconocimiento (llámese supuesta ignorancia) de la materia por la
que el buen corrupto está siendo juzgado: echarle la culpa a los técnicos. “Yo
no soy catedrático de derecho”, “yo no soy arquitecto”, “yo no soy…”. Cámbiese
el sustantivo por cualquier otra profesión y el buen corrupto habrá volcado
toda su culpa sobre el desprevenido funcionario de turno. Los mismos
funcionarios y según los sindicatos, se sienten atemorizados
cuando tienen que firmar documentos poco claros, presionados por el tiempo,
políticos irresponsables y editores sin escrúpulos. ¡Pobres técnicos del
Ayuntamiento, que estáis más capacitados intelectual y moralmente que quienes
os mandan!
7.
La Justicia (con mayúsculas)
Al
iniciarse la instrucción del proceso por el que está imputado, el buen corrupto
empezará sus ataques verbales contra la justicia siempre la con misma frase:
“respeto a la justicia”. Miedo da cuando empiezan sus frases así; ¡tiemblan las
Torres V Centenario, reverbera en las salas del TSJA, chirría en las puertas
del TS! Para el buen corrupto hay dos justicias: una se escribe con minúsculas
y la otra con mayúsculas. La diferencia está clara. La de minúsculas es la que
dicta sentencias en su contra y la otra, la que dicta sentencias a su favor (o
sobresee los casos, que para el caso es lo mismo). Dejemos las mayúsculas para
después del punto y los nombres propios.
8.
La difamación
Para
el buen corrupto todo forma parte de una campaña de difamación contra su
persona, una persecución por intereses partidistas o personales. “Quieren
conseguir por los tribunales lo que no han conseguido por las urnas”, suele ser
una de las frases más usadas por los buenos corruptos en el ejercicio del
poder. Para defender su honor, el buen corrupto se defiende atacando; “se acabó
lo de boxear con una mano a la espalda”. Y, venga, a repartir mamporros
(denuncias) a diestro y siniestro. Recibe cualquiera que pase por allí, todo
sea por el honor del corrupto. En
ocasiones, estas denuncias no tienen fundamento y se quedan en simples fuegos
de artificio de cara a la galería.
9.
Causa general
Cuando
el buen corrupto no está solo en su calvario, si no que forma parte de una
extensa comunidad de buenos corruptos, la victimización individual se convierte
en causa general. Expone su Via Crucis sin pudor ante la opinión pública, para
tratar de mostrar la persecución que está sufriendo. “¡No entiendo qué tienen
contra mí!”. Desempeñan tan perfectamente su papel que incluso hay algunos que
se lo acaban creyendo, interpretándolo incluso delante de los suyos.
10.
Los otros
El
último mandamiento, estrechamente emparentado con los dos anteriores y con el
quinto, es la huida hacia adelante en la Pasión del buen corrupto: Los
corruptos son los otros. Mientras el dedo de la justicia los señala con
severidad, ellos tratan de desviar la atención apuntando con el suyo a otras
personas. De este modo, catalizan la victimización acusando al adversario de
los mismos delitos por los que se les investiga a ellos. Del “yo no he sido”
pasan al “ha sido él” y al “y tú más”. En cero coma.
Si
han llegado hasta este décimo mandamiento de la corrupción, queda por añadir
que cualquier parecido con la realidad es pura congruencia, supuestamente,
claro.
Digan
NO a la complicidad, NO a la impunidad, NO al miedo, Despierta y defiende tus
derechos, tu eres parte del pueblo y no mereces ser gobernado por ningún
individuo corrupto.
Pero, ¿Existiran corruptos en Quintana Roo?
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