Querido
político corrupto:
Te
escribo esta carta sabiendo que ni tan solo obtendré respuesta, porque si me
contestaras, te delatarías. Te quedarás callado. Eres un experto en callarte,
mirar para otro lado y, amparado por el silencio, robar. Pero aunque nunca me
contestes, yo tengo un par de cosas que decirte. Allá voy.
Como
todos los políticos, tú has gestionado el dinero que es de todos. Lo que te
hace diferente es que tú, político corrupto, una parte del dinero te la has
metido en tu bolsillo. Para hacerlo has utilizado diversos métodos: cobras por
dejar hacer cosas que no se pueden hacer, contratas servicios por valores más
altos de lo que marca el mercado -obviamente a empresas de tus amigos o de
familiares- compras terrenos, los recalificas y tú y tus amigos os quedáis la diferencia,
dictas leyes que benefician a grandes corporaciones a cambio de un buen puesto
cuando te retires... Lo que haces, en definitiva, es traspasar el dinero de
todos a los bolsillos de unos pocos mediante mentiras y trampas.

Haz
lo que quieras, político corrupto, pero te a viso: lo que haces es muy grave.
Pensarás que ‘solo’ robas, que ‘si no lo hago yo lo hará otro’ o pondrás alguna
otra excusa rastrera. Pero ve con cuidado, político corrupto. Eres mucho peor
que un ladrón: eres el responsable de la muerte de niños, de accidentes de
carretera y del sufrimiento profundo de centenares de miles de persones. Te lo
explico.
El
dinero que tu robas, el dinero que tú y tus amigos os habéis metido en vuestros
bolsillos mientras cerrabais vuestros negocios sucios en restaurantes caros con
manteles inmaculados, es el dinero que servía para hacer la vida de todos un
poco mejor, más cómoda. Era el dinero que millones de trabajadores aportamos a
la sociedad a cambio de unos servicios, a cambio de vivir en una sociedad dónde
ningún niño vaya a la escuela sin desayunar, como ya pasa en nuestro país. Este
dinero, político corrupto, era el que servía para construir nuevos hospitales,
para pagar sueldos de médicos y enfermeras, para cuidar las carreteras, para repintar
sus líneas blancas cada cierto tiempo, para pagar profesores, calefacciones de
escuelas, asistentes sociales, policías, conductores de ambulancias,
universidades, transportes públicos, pensiones... el dinero que has robado,
desgraciado, es el que sirve para pagar todo eso.
Pero
como hasta ahora había habido mucho dinero en la caja pública, tus rapiñas no
se notaban mucho. Había tanto que aunque tú te quedases una parte, el resto de
las cosas se podían ir pagando. Pero llegó la ‘crisis’, político corrupto y
ahora no hay suficiente. Ahora es cuando se ve la verdadera dimensión de tu
delito, de tu crimen. Porque hay que llamar a las cosas por su nombre. Lo que tú
has hecho es un crimen contra la sociedad.
La
falta de dinero público está haciendo que la pintura de una carretera no se
renueve con la frecuencia adecuada y, una noche de lluvia una familia morirá
estampada contra un árbol... y será culpa tuya. No habrá dinero para pagar
suficientes ambulancias y un señor mayor morirá en su casa esperando que
alguien venga a atenderlo. Porque ahora las ambulancias tardan una media de 15
más que antes en llegar a los sitios y cuando lleguen el señor habrá muerto de
un ataque de corazón. Y será culpa tuya. Si estás en activo, sinvergüenza,
encima dirás que hemos estirado más el brazo que la manga, que “hemos vivido
por encima de nuestras posibilidades”.
Sigo.
Como has robado dinero de la caja de todos, no habrá suficientes asistentes
sociales para tratar adecuadamente el caso de una mujer golpeada y un día la
encontrarán muerta porque no había recursos para más jueces, para más
Seguridad, para hacer un seguimiento del caso... no hace falta mencionar que el
culpable de esta muerte eres tú, aunque salgas por la televisión con la cara
compungida.
Un
día un chico irá caminando por una calle oscura -porque no hay dinero para
pagar la luz de las farolas- y será asaltado. Nadie lo ayudará porque ya no hay
dinero para patrulles en aquella zona porque te lo has quedado tú, indigno. O
tal vez si que pasará la patrulla, pero uno de los agentes morirá porque una
bala le atravesó el corazón...porque no hay dinero para comprar chalecos
antibalas... tu pensarás desde tu inmundo chalet de lujo: “que malos son los
ladrones” y si sigues en activo dirás que “hay que atajar la inseguridad
ciudadana”... cuando el culpable eres tú.
Podría
seguir todo el día: escuelas sin calefacción, centros sanitarios cerrados,
funcionarios sin cobrar, servicios sociales colapsados...
Esta
noche, cuando te vayas a dormir, en tu casa de lujo en una urbanización que
difícilmente podrías pagar si fueses honesto, mira dentro tuyo. ¿Vale la pena
cargar con esta muertes y estas injusticias a cambio de unes sabanas limpias,
unos restaurantes caros, de un coche y una cuenta corriente bien nutrida? Yo
creo que no, pero como eres eso, un político corrupto, de ti se puede esperar
cualquier cosa.
Por
eso, lo único que me queda por decirte es que mereces mi más absoluto
desprecio, que eres peor que todos los ladrones que llenan las prisiones y que
eres la vergüenza de la especie humana.
¿No
te gusta lo que oyes? ¿No te gusta lo que digo? Pues tienes dos opciones:
devolver todo lo que has robado o ponerme una denuncia por injurias.. Pero para
hacer cualquiera de las dos cosas haz de dar la cara. Y eso ya sabemos que no
tienes valor de hacer, porque además de un miserable, un asesino, un traidor y
un ladrón, eres un cobarde.
Político
corrupto, el refranero es claro: “A todo cerdo le llega su San Martín”. Que
duermas bien... mientras puedas. Muy cerca de tu lujosa casa hay gente que este
invierno no tiene para calefacción y harán fuego con cualquier cosa que arda.